jueves, 18 de septiembre de 2014

Expectativa versus realidad

Otra vez te sorprendes sorprendiéndote, otra vez te asombras a causa de algo que roza lo rutinario, de algo que te acompaña y te sigue como una sombra en la oscuridad, invadiéndote. Te miras al espejo y realmente piensas "¿me merezco esto? ¿Qué he hecho yo? ¿En qué me equivoqué? ¿En qué parte del camino tropecé?". Levantas la cabeza, quizá esta vez sea un buen día y no haya lágrimas que secar, cara que lavar y sonrisa que fingir.
Soñabas con libertad, con nuevos lugares, con aventuras. Flores en el pelo y canciones a la luz de la luna, melodías de guitarra extinguiéndose con las primeras luces del amanecer. Hogueras en las que quemar preocupaciones, avivando la llama de la vida, avivando las ganas de vivir, de vivirlo todo.
Siempre habías querido un columpio en un árbol de esos que rozan las nubes, ¿recuerdas? Siempre lo quisiste. Para sentir con su balanceo el ansia de volar en tu estómago, para sentir que en cualquier momento, si querías, podías despegar, y regresar a la estrella de la que venías, esa que añorabas y de la que, sin duda, nunca debiste partir.
Solías pintar acuarelas del mar, con su infinito azul. Solías sumergirte en tus dibujos cuando estabas lejos de casa, y nadar en unas olas al son del pincel. 
Te gustaba bailar con los pies desnudos al ritmo del silencio, y disfrutar de esa adictiva música que es el vacío. Eras lo que tú querías ser, veías el mundo por tus ojos y a tu manera.
La simple brisa era tu aliada, siempre acompañándote a donde fueras, siempre transportando tu voz y tus palabras, alborotándote el pelo y la mente, dándote vida, acompasando tus pasos.
A veces me decías que nunca dejarías de ser tú, que no dejarías de ser parte de tu realidad ni de la mía por nada ni por nadie. Yo te lo recordaba, te repetía lo especial que eras, lo feliz que me hacías a mí y al mundo. Pero supongo que nada es para siempre, y eso que nunca llegaría, llegó, y ese nadie se cambió por un tal Alguien.
Y el tiempo pasaba y mi corazón se rompía cada día un poco más. Tú me decías “cambiará, ya lo verás”. Pero yo sabía que no lo haría, hasta tú sabías que no lo haría. Y lo cierto es que cada vez que llorabas, cada minuto que no bailabas la melodía del vacío ni nadabas en tu singular mar de tinta, ese mar se trasladaba a mis ojos. Yo lloraba por tí, pues yo quería verte feliz, y quería verte a ti, no esa falsa imagen tuya, esa mala imitación que Alguien te había hecho.
Eras lo último en lo que pensaba cuando el día acababa, y te juro que también cuando empezaba, y, para qué mentir, ocupabas todas las horas de mis días.
Pero Alguien impidió todo lo que pudimos ser e hizo de ti un mero títere sin vida, te metió en una jaula de cristal y envenenó tu libertad.

Ahora lloras por lo que perdiste, lloras por no poder cambiar a Alguien que nunca quiso cambiar, pero quizá es porque las personas no cambian, nunca cambian. 
La Rochelle 2012

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