martes, 12 de enero de 2016

POST LUNÁTICO #5

·ESTAMOS ENFERMOS·

"Hola de nuevo, soy Nieves y estoy aquí porque yo también soy adicta."

Después de esta sentencia, cualquiera se podría imaginar que un círculo de personas multitudinario a mi alrededor respondería con un "hola Nieves" dejando paso a la siguiente intervención de otro de estos enfermos mentales.
Nuestra generación, la generación perdida, y no en el sentido de que no sirvamos para nada, si no en el de ir sin rumbo, cegados y desorientados; sin propósitos. A nuestra generación escribo, la generación enferma, obsesa y adicta. ¿Qué nos está pasando?
Vaya exagerado está sonando todo esto, igual he perdido la poca cordura que me quedaba, pero lleva tiempo rondándome en la cabeza la misma idea, la idea de que todos estamos presos en las redes, en las redes sociales.
Algo que estaremos cansados y hartos de oír, que pasamos el tiempo en ellas como en una realidad alternativa y sustitutiva a la que vivimos, como un mundo paralelo.
Es enfermizo el hecho de que vivamos en ellas y de ellas, y no se me ocurre nada mejor para ilustrarlo que ejemplos:
Si quiero saber algo de alguien, le conozca o no le conozca, basta con utilizar las redes sociales adecuadas, tener los vínculos correctos,  círculos similares o un lazo de unión. Así de sencillo. Y esto se debe a la huella virtual que vamos dejando a lo largo de nuestra vida. Si buscamos un nombre y un apellido en Google, automáticamente podremos ver sus perfiles en las redes sociales, blogs, páginas webs o si ha salido en alguna publicación de revistas o periódicos. Llegados hasta este punto, solo leer este párrafo debería asustarnos un poco.
Debemos tener en cuenta de que muchos de nosotros llevamos en Internet desde hace muchos años, podemos centrarnos en mi caso y en el de la gente de mi edad. Nosotros somos la generación de Tuenti, en la que mentíamos diciendo tener catorce años para poder crearnos un perfil, algunos teníamos trece o doce años, y ya teníamos de esta manera nuestros datos en una plataforma, así como fotos o contactos.
Doce años. Con doce años seguro que teníamos muchísimo de lo que hablar con la gente del colegio a la que habíamos visto unas horas antes, seguro.
Ahí puede que fuera donde empezó el encadenamiento temporal, una expresión un poco retorcida para expresar una obsesión permanente por los minutos y segundos en los que alguien tarda en responder un mensaje, o una foto tarda en alcanzar un número determinado de "me gusta".
Y es que sin darnos cuenta nos hemos convertido en personas que basan sus relaciones sociales en horas de última conexión y en los típicos "me ha dejado en leído". Me pregunto cuántas amistades o parejas habrán roto o estado a punto de romper.
Me hace gracia, por ejemplo, el caso de Essena O'Neill. Yo misma seguía  Essena desde hacía un par de años en Instagram, y estaba suscrita a su canal de YouTube. Esta chica siempre aparecía radiante en todas las fotos y vídeos que subía, hasta que se empezó a notar que lo estaba pasando mal, como confesó meses más tarde anunciando que dejaba las redes sociales para siempre porque la estaban consumiendo. Hasta ahí todo bien, fantástico e inspirador.
Semanas más tarde de una despedida de las redes que se hizo viral en todo el mundo, decidió crear una página web llamada Social Media Is Not Real World, que meses más tarde cambió de dominio para llevar el nombre de la joven. En esa web, Essena subía vídeos de su día a día sin redes sociales, de recetas y reflexiones. Y reflexiones hacen falta para comprender esto. Subía vídeos de lo bien que se estaba sin redes sociales a una plataforma pública en un dominio web. Es decir, había creado su propia red social en la que solo participaba ella, y hacía exactamente lo que hacía en YouTube: subir vídeos. 
No obstante, es cierto que ella misma confesó que el problema mayoritario había sido el mal uso que hizo de las plataformas, promoviendo un estilo de vida basado en el dinero en el que todas sus publicaciones estaban patrocinadas por valor de miles de dólares en su gran mayoría.
Si ahora vas a su página web, te avisa de que está escribiendo un libro hablando de lo que las redes sociales le hicieron y de lo dañinas que son.
Todo esto, a mi entender, es una gran paradoja: se alegra de no compartir lo que compartía en las redes pero crea una página web y un libro para difundirlo de otro modo.
¿Qué nos pasa? ¿Qué necesidad tenemos de compartirlo todo? 
Entiendo que todos queramos dejar nuestra huella en el mundo y hacer que nuestro nombre se recuerde, pero en algunos casos resulta algo hipócrita.
Duele pensar que en algunos casos sentimos que no podríamos vivir sin Facebook, Instagram, Twitter... cuando nunca antes habían existido, pero no deja de ser una consecuencia de la evolución tecnológica y social.
Si algo puedo sacar como conclusión, es que debemos evitar a toda costa sentirnos encadenados permanentemente a todos estos recursos que pueden ser utilizados de manera positiva, y procurar desintoxicarnos de la dependencia que sentimos por ver en todo momento lo que está haciendo todo el mundo, ese mundo que vive al segundo donde la información viaja en un abrir y cerrar de ojos pero que se queda siempre atrapada en las redes y reflejada para futuras referencias.

"Hola, soy Nieves y soy adicta a las redes sociales conscientemente, y conscientemente quiero cambiarlo."






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